POR GUILLERMO FERNÁNDEZ DE SOTO*. Columnista de EL TIEMPO.
El pasado primero de noviembre, Carlos Villalba publicó el artículo 'Los costos de la desidia', en el que se refiere al caso iniciado por Nicaragua contra Colombia ante la Corte Internacional de Justicia.
No es mi costumbre controvertir este tipo de escritos. Sin embargo, frente a lo perjudicial que resulta para un tema tan sensible como es el de la defensa de la soberanía e integridad territorial de nuestro país, considero importante hacer algunas aclaraciones, empezando por la afirmación según la cual fui yo quien, como Canciller, aceptó la jurisdicción de la Corte.
El columnista desconoce que a la CIJ se llega por varios caminos: mediante el depósito de una declaración unilateral -Colombia lo hizo en 1937 con una reserva-; por medio de tratados bilaterales o multilaterales que contemplen una cláusula en este sentido -como el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá de 1948), ratificado por Colombia en 1968-, o a través de un acuerdo o compromiso para llevar una controversia específica a la Corte, como fue el caso de asilo de Haya de la Torre.
Por lo tanto, es claro que no fui yo quien aceptó la competencia obligatoria de la Corte Internacional de Justicia, sino el Estado colombiano, mediante la declaración facultativa en 1937 -la cual se retiró- y luego con el Pacto de Bogotá.
A la fecha de la demanda de Nicaragua, 6 de diciembre de 2001, Colombia tenía entonces que comparecer ante la CIJ en virtud de las disposiciones del Pacto de Bogotá, aunque dentro de los precisos términos en él establecidos.
Para hacerle frente a esa demanda, el país optó por la acción jurídica más sólida y ceñida a derecho: la presentación de excepciones preliminares para alegar, de acuerdo con el mismo Pacto, que la Corte carece de competencia para conocer el asunto elevado por Nicaragua y que debe declarar la controversia terminada, por cuanto ya fue resuelto y está regido por el Tratado Esguerra-Bárcenas y su Canje de Instrumentos de Ratificación.
Colombia no podía arriesgarse a no comparecer ante la Corte. Esa habría sido una conducta procesalmente irresponsable, contraria al derecho internacional y gravemente peligrosa para sus intereses.
Si una parte no se presenta, el proceso en todo caso continúa, como lo establece el artículo 53 del Estatuto de la Corte, sin que el Estado tenga la oportunidad de presentar sus argumentos.
Especular sobre cualquier decisión adversa de la CIJ, cuando ni siquiera se han realizado las audiencias relativas a la competencia, es insensato, irresponsable y antipatriótico.
Es importante que la opinión pública conozca que en la defensa de Colombia no han existido "secretos", ni actuaciones ocultas, como se pretende sugerir. Todas las decisiones han sido consultadas y evaluadas rigurosamente con las instancias necesarias, incluida la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y el Congreso de la República, como corresponde a una política de Estado. La reserva a la que obliga el Reglamento de la Corte y la prudencia no se deben interpretar, con ningún pretexto, como una equivocación del Gobierno.
Lamento las imprecisiones y críticas contenidas en el artículo. En especial las que se refieren al ex canciller y agente de Colombia Julio Londoño, quien con austeridad, seriedad y patriotismo ha venido coordinando el equipo de expertos nacionales e internacionales, que ha trabajado con el profesionalismo que requiere este delicado asunto. Dichas críticas no tienen fundamento fáctico, ni a la luz del Derecho Internacional, del Estatuto y Reglamento de la CIJ, ni de su jurisprudencia más reciente.
Infortunadamente, esas críticas solo contribuyen a generar confusión y no la cohesión que todos los sectores de la sociedad deben tener en la defensa del interés nacional. Es necesario actuar con prudencia y sentido de patria.
La opinión pública tiene el derecho de saber que la estrategia para la salvaguarda de nuestra soberanía e integridad territorial ha sido la mejor y más conveniente. Tengo la confianza en que el tiempo nos dará la razón.
* Ex canciller de la República; embajador en Holanda
POR GUILLERMO FERNÁNDEZ DE SOTO*
ver: EL LITIGIO EN LA HAYA
Defensa del interés nacional
miércoles, noviembre 08, 2006 at 10:37 a. m.
Los Espejos Deformantes
martes, noviembre 07, 2006 at 2:51 p. m.
Los espejos deformantes
Eduardo Escobar. Columnista de EL TIEMPO.
El coro de contraltos destempladas, no le perdona nada a Uribe.
La memoria perniciosa del país, entre todos los presidentes del último medio siglo, no recuerda otro que soportara como el actual la artillería sostenida de casi todos los columnistas de la prensa escrita bogotana. Con paciencia de sordo, además. Son inclementes.
Siempre les cobraron a los presidentes los yerros pequeños y grandes, las triquiñuelas, el amiguismo, las mentiras improbables, los despistes involuntarios de autista y hasta el desbordamiento de los volcanes. (Ser Presidente de Colombia es mantener una apariencia de país en un mar de calamidades naturales e inventadas en medio del coro apocalíptico de criticones.) Eso, dicen, es bueno para la sociedad. Aun cuando los chepitos de la Justicia a veces hagan de la impaciencia y el alboroto profesión. ¿Hay un mercado de la desesperanza? Recuerdo a Argos, el columnista antioqueño que se la pasaba buscando comas caídas en los textos ajenos. Y del recalcitrante que ante la puesta de sol se quejó: "Lástima ese rosado".
El coro de contraltos destempladas, barítonos insidiosos y contratenores de bolsillo no le perdona a Uribe las acciones más inocentes. La visita a un municipio lejano y los divertidos consejos comunales que digan lo que digan son lo mejor de la "tetalevisión" colombiana, se los convierten en demagogia y populismo. Si despeja una carretera, corean que el Gobierno trabaja para los puentes de los ricos. Si se la cierran, es el fracaso de su política. Los espejos deformantes se disponen de manera que todo parezca más feo, y el bienestar, imposible. La paz relativa es un truco de estadísticos, una componenda de facinerosos. El conflicto centenario, su obra de torpe. La flexibilidad, debilidad; la energía, autoritarismo. Los males hereditarios de la nación y los recién inventados, policías corrompidos, soldados venales, alcaldes ladrones, fiscales de doble faz, los elementos y la fábula son reales. Pero no tienen origen en una persona. Diluyen las causas de los problemas, de los cuales forman parte, en una religión del vituperio. Y los esfuerzos de análisis, en irritación. Dicen que el poder es una vanidad. En Colombia fue desde los tiempos grises de Bolívar una forma del masoquismo.
Con las salvedades de Antonio Caballero, que es el de siempre, siempre, y de Alberto Aguirre, que es previsible, todos inspiran sospechas. Burócratas de un gobierno anterior, o militantes de otro programa político, esperan una oportunidad del fracaso del Presidente. Aguirre le reprochó hace días que no iba a cine. Eso demostraba su falta de sensibilidad. Dijo. Como si no tuviéramos ya bastante de cine. Muchos abandonamos los cines hace tiempos.
Está dentro de las esencias de la Democracia, esa ficción cansada que llamamos de este modo. Así se expresan el poder afuera del poder, aunque sea con el aire mefítico de las palabras; la retórica contra la acción; el derecho a la suspicacia y la injusticia verbal, tan humanos al fin y al cabo.
Todos quisiéramos un Uribe distinto en un país diferente, de bibliotecas, palacios de cultura, fábricas trepidantes, incluidas las de arreboles del poeta: una vida próspera y sin enconos. Pero hay esto.
Unos viven de cazar comas perdidas en los textos ajenos, otros de bostezar arrullados por los discursos en el Capitolio, otros de sus hipocondrías.
Jamás pensé llegar a la edad de admirar a López Michelsen. Después de una vida de revueltas es el único crítico del Gobierno que en vez de emociones ofrece información, sin magnanimidad y sin sevicia. Y aguardo en Dios llegar a su edad, es decir, la de López, para considerar este mundo sin desesperación ni estridencias, con elegancia y desapego.
Pero si todos los críticos del Gobierno fueran López, los periódicos serían menos estimulantes para el hemisferio izquierdo. Y habría menos oscuridades para aturullar en las cafeterías mientras escampa.
eleonescobar@hotmail.com
Eduardo Escobar
fuente
Jorge Arturo Santander, el último bisnieto vivo del Hombre de las Leyes
lunes, noviembre 06, 2006 at 9:41 a. m.
En su casa del norte de Bogotá, Jorge Arturo Santander tiene una amplia colección de libros, periódicos y revistas con la historia de su bisabuelo, el general Santander. John Wilson Vizcaíno / EL TIEMPOEstá a punto de cumplir 90 años y tiene la suficiente lucidez para relatar la vida de su antepasado, el general Francisco de Paula Santander, a toda una generación de tataranietos.
Su confortable apartamento en el exclusivo sector de Los Rosales, de Bogotá, parece un museo: condecoraciones, cartas firmadas con pluma de ganso, escudos de armas y 75 libros con la historia del general Santander.
Escucharlo es permitirse descubrir detalles sobre la vida del Hombre de las Leyes que jamás escuchamos en las clases de historia, como sus resentimientos con Simón Bolívar y sus disgustos con una de las Ibáñez.
Jorge Arturo Santander tiene ojos azules detrás de unas gafas que no puede abandonar, el cabello cano y las manos temblorosas. Viste de saco y corbata, y de vez en cuando cierra los ojos para recordar un dato que no quiere dejar escapar.
Cuenta con humor que los amores de Santander con una de las Ibáñez terminaron cuando el general regresó del exilio y encontró en la casa de la dama a José Vicente Márquez haciéndole la visita. "Casi lo lanza por el balcón", dice sonriendo.
O recuerda que el hijo de Santander, también llamado Francisco de Paula y apodado 'Pachito', no fue enviado a Londres, como quería su padre, porque su madre, Sixta Pontón, lo escondió en el lugar más inusitado.
"En esa época no habían inodoros, sino unas cajas de madera. Pues Sixta Pontón metió a 'Pachito' debajo de ese cajón", cuenta, sentado en la cómoda silla de su estudio, mientras revisa un libro de la historiadora Pilar Moreno de Ángel.
Prefirió la ingeniería civil
Jorge Arturo Santander rompió con la tradición de su familia: no hizo la carrera militar y no se quiso meter en los vericuetos de la política. Su bisabuelo, su abuelo y su padre fueron generales de la República, pero él prefirió ser ingeniero civil.
"No seguí la carrera militar por consejo de mi padre, el general Julio Mario Santander. Él me dijo que cuando se reúnen tres oficiales es para hablar mal de otro compañero. No hay demasiada lealtad de los militares en Colombia. ¿Quién sabe cómo será ahora?", pregunta con sarcasmo mientras, María Helena, su hija, no puede contener la risa.
Y de política, ni hablar. "He sido completamente apolítico. A mí lo que siempre me ha gustado son las matemáticas. Los políticos me tienen decepcionado: unos son liberales hoy y conservadores mañana".
Solo se permite una licencia para recordar que las diferencias entre Santander y Simón Bolívar comenzaron cuando el Libertador le hizo una broma de mal gusto a su bisabuelo.
"Bolívar le dijo, después de una partida de Tresillo, un juego de la época, que Santander le estaba pagando con unos tostones (monedas) que se habían perdido de un empréstito que nos había dado Inglaterra. Eso nunca se lo perdonó Santander", comenta.
Jorge Arturo, fiel a su apellido, niega que su bisabuelo haya tenido alguna participación en la Noche Septembrina, la conspiración en la que casi pierde la vida Bolívar.
Para su cumpleaños, el próximo 12 de diciembre, dice que se acostará temprano, a las 11 de la noche, pero que antes dedicará tiempo a la lectura de la revista Semana y del diario EL TIEMPO, "porque acostumbro a leerme hasta los avisos".
Dice que llega saludable a sus 90 años por haber sido un buen deportista: jugó y le hizo barra al glorioso Millonarios, practicó el tenis y finalmente se dedicó al golf.
Lo único que extraña es a su esposa, Isabel Ramírez, quien murió hace tres años. Ahora, vive solo en el último piso de un edificio que él mismo construyó. Cuando se le pregunta de qué vive y si tiene pensión, él no duda en responder: "Yo solo vivo de mis recuerdos".
JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ
Redactor de EL TIEMPO
Blog de Colombia desde Popayán: Un empresario colombiano convirtió un Willys en una cafetera rodante
at 9:26 a. m.
Los Alfa 8 tambien nominados a los Grammy
viernes, noviembre 03, 2006 at 8:47 a. m.
Presentadores Colombianos en los Grammy
at 8:45 a. m.
Fonseca también ganó Grammy
at 8:44 a. m.




